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EL AYER Y EL HOY EN EL ESTILO DE DIRECCION

Todos oímos que estamos en una época de grandes cambios: sociodemográficos, políticos, de visión del mundo, de valores…y no es difícil creernos que así es, en cuanto que admitimos que hemos de adaptarnos rápidamente e incluso anticiparnos a ellos.
La empresa, como organización social compuesta por personas, está también sufriendo estos cambios; los supuestos que fueron válidos ayer pueden ser inválidos hoy; esto convierte al management en una disciplina apasionante en cuanto disciplina social acerca de la conducta de las personas.
Y es que los cambios sociales, culturales, de valores y nuevas formas de percibir el mundo …no sólo afectan al mercado y la empresa a través de la demanda, sino que el factor humano que configura la organización empresarial en todos sus ámbitos también se ve afectado en la actuación de directivos, las motivaciones de los empleados, las relaciones clientes/proveedor, las inquietudes y capacidad de asumir riesgos de los accionistas e inversores.
Es obvio que los cambios en los comportamientos de las personas no se producen tan rápidamente como los cambios tecnológicos, logísticos o de diseño por ejemplo y esto provoca que no resulte difícil encontrarnos con empresas en las que el estilo de dirección impacta frontalmente con unos empleados que ya no “esperan” estas directrices que, en muchos de los casos, provocan efectos totalmente contrarios al objetivo teórico de la empresa y, por tanto, no siendo eficaces en la dirección.
Hoy nos vamos a centrar en los cambios operados en unos años a día de hoy, en cuanto al estilo de dirección, haciendo notar algunas diferencias:

1.-LA INFORMACIÓN
Ayer: Los jefes tenían la información y esto daba poder. “Les pago para que trabajen, para pensar estoy yo”
Hoy: El poder de la información ya no acredita al jefe, sino que éste debe serlo por otras razones; la información y su análisis está al alcance de muchas más personas. Por supuesto, el jefe ha de estar legitimado para dirigir a los trabajadores y tomar decisiones que se cumplan en cuanto que sean requeridas por él y para el buen fin del negocio.

2.-EL CONTROL
Ayer: era visual, oído y un poco de “olfato” : pocas variables a controlar. El control acababa cuando finalizaba la acción y en muchos casos el control suponía encontrar a un culpable, como si su descubrimiento hubiera resuelto el problema. La actitud del controlado era no ser descubierto, de forma que los buenos actores estaban bien vistos.
Hoy: las variables a controlar son muchas porque también los riesgos son mayores. No interesan los culpables, sino los colaboradores que sepan medir y rectificar ágilmente. Se trata de ganar al presupuesto, no de encontrar culpables ni excusas. Ya no es prioritario el aparentar, sino los objetivos.

3.-LA MOTIVACION
Ayer: El empleado callado y obediente era el mejor; se consideraba que con pagar un salario y mostrar algún comentario de protección, bastaba. El que tenía ideas discrepantes con el jefe, molestaba, de aquí la frase:” se hace lo que digo yo, y punto”
Hoy: por suerte, las aptitudes ni actitudes que rompen el inmovilismo se pueden detener. Todos los que no hayan aprendido a motivar hoy y olvidado las técnicas del pasado, habrán perdido a buenos profesionales y se habrán quedado con los obedientes, mediocres y acomodados.
A los profesionales de hoy, más informados, más libres, más seguros, con más tiempo de ocio, más movilidad y más alternativas, con mentalidad de cambio e incluso menos vocación, hay que tratarlos y dirigirlos de otra manera, a no ser que queramos a nuestro lado a personas totalmente alienadas.

4.- EL CAMBIO
Ayer: no estaba bien visto cambiar, ni siquiera de trabajo, quizá era considerado una deslealtad a la empresa y al dueño.
Hoy: se necesitan colaboradores que busquen la mejora constante.

5.-LA CALIDAD
Ayer: se asociaba principalmente al “control de calidad en producción”
Hoy: la calidad en el producto se da por hecha; se busca la calidad total, en el producto, servicio, detalles…

6.-DEL DUEÑO AL PROFESIONAL
Ayer: Era la figura del dueño la que ganaba o perdía, él sólo, el que exigía y también protegía.
Hoy: El profesional se juega su puesto, lo que le obliga a ser más riguroso y rodearse de colaboradores eficaces. El mérito ya no es sólo de una persona que se ha ganado los derechos por ser el dueño.

7.-LA NEGOCIACION
Ayer: las variables eran pocas; el empresario podía “tocar” directa y personalmente cada acción. El “amo y dueño” por serlo, tenía razón, la figura de pensador la tenía él; a los demás, les tocaba trabajar.
Hoy: el sentido de obediencia desaparece y se buscan pactos. La negociación es el gran instrumento para desarrollarse profesionalmente.

 

Sin duda, también se puede reflexionar sobre la lentitud de los cambios mentales que hace que aún podamos observar parte de estos comportamientos en empresas y, a su vez, podamos observar nuevas generaciones en las que, alguna persona, viene con actitud alienada, expresando valientemente que vienen a trabajar unas horas y no les pagan por pensar.

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